14/7/14

Sin vecinos



Esas veces en las que oyes pasos en el piso de arriba, o golpes en la casa de al lado y no te preocupas porque sabes que son los vecinos.
El problema surge cuando te percatas de que hace un año que vives sin vecinos, en una casa en un pueblo totalmente aislada de cualquier otra casa, por lo tanto, las paredes en las que oyes golpes dan a tu propio jardín, un jardín separado del resto del pueblo por un alto muro de piedra.
Y resulta que tampoco tienes un piso más sobre ti, así que los pasos que se escuchan están en tu tejado, ese en el que sabes perfectamente que no entra ni una mosca porque está recién arreglado, así que ni ratones, ni palomas ni nada por el estilo.

Golpes rítmicos. Tres más concretamente en la cabecera de la cama. Esa pared da al comedor y lo has dejado perfectamente cerrado. No puede ser nadie físico porque la perra hubiera ladrado.

Son esos días en los que el Sol entrando por la ventana se vuelve tétrico, y esas noches en las que el corazón te da un vuelco y eres incapaz de reaccionar.

Y da igual cuántas veces te cambies de casa o cuánto tiempo estés sin escuchar esos ruidos. Siempre vuelven.

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