17/12/14

Visitas

Hay visitas que son imposibles, pero que se dan; que te dejan en shock durante horas.
Visitas de personas que están a cientos de kilómetros y que, de forma inexplicable, aparecen a tu lado con nocturnidad y alevosía. Porque no te las esperas, porque tu mente racional sabe que es imposible.

Sin embargo, ahí están, mirándote, dándote la mano y descuadrando toda tu vida. Volviendo a pensar que estás loco, volviendo a la batalla interna entre callar o contarlo.
Mientras tanto, las horas pasan y sigues mirándote la mano con cara de gilipollas y paseando por el día con la sensación de que todo lo que vives no es lo que habías pensado.



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