24/8/15

Noches en vela


Abro los ojos y no veo nada. Oscuridad. Mis vista se acostumbra a ella y alcanza a distinguir la silueta de la lámpara de mi habitación. Miro por las rendijas de la persiana: oscuridad.
Me giro y puedo tocar a quien me aferra al presente.
Vuelvo a clavar la vista en el techo y maldigo la cantidad de noches en vela que ha habido a lo largo de toda mi vida.

Estiro la mano y enciendo la televisión. Absurdos programas de falsos y estravagantes tarotistas, programas de teletienda, capítulos archirepetidos de series varias... bah, basura. Apago.

Oscuridad de nuevo.


Y silencio, mucho silencio. Sólo la respiración de mi pareja, tranquila, serena... ¡qué envidia!

Pasan los minutos, las horas... y pienso que quizá sería buena idea intentarlo una vez más antes de que amanezca.
Cierro los ojos y ahí están de nuevo, imágenes que no me pertenecen, vidas con las que no me he cruzado nunca antes, sentimientos que no salen de mis entrañas.
Intento batallar contra todo eso, pienso en mi vida, en mi realidad, pero nada. Intento dejar la mente en blanco; imposible. Contar ovejas, caballos, unicornios y ballenas. Nada funciona.

Vuelvo a abrir los ojos y esta vez la lámpara está borrosa. Una noche más, las lágrimas me arropan.
Quizá mañana....

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