17/11/16

Árbol del concejo




Los árboles eran donde antaño nuestros ancestros se reunían para reunirse en el concejo abierto. Muchos de estos árboles no han llegado hasta nuestros días pero sí se ha mantenido su recuerdo en la memoria colectiva de estos lugares poderosos dónde algunos ven el antiguo culto celta a los árboles y el estatus de símbolo político de servir como centro de reunión de la tribu o incluso como frontera entre unas tribus y otras.

Bajo la denominación de “Árboles de Concejo”, Árboles de junta o junteros ,entendemos todos aquellos que tradicionalmente servían como sede de las reuniones vecinales.
La etimología es clara, concejo viene del latín “concilium”, asamblea o reunión. Y una institución jurídica de gran importancia era el Concejo Abierto, es decir, la asamblea de vecinos que decidía y regulaba los temas de convivencia y las cuestiones comunes, en una de las versiones más antiguas de la democracia. Estas reuniones se han llevado a cabo, tradicionalmente, bajo los árboles totémicos. Entre las funciones que ejercía este árbol central en gran parte de Europa, diremos que era el lugar de encuentro, la sede de las asambleas de jurisdicciones comarcales o municipales      


En muchos lugares se consideraba que la palabra dada, y los tratos al pie de estos árboles debían ser inviolables. En estos Concejos Abiertos se elegían alguaciles o representantes, se dirimían las cuestiones sociales, se planificaban los trabajos comunales, se decidía sobre la gestión de pastos, helechales y terrenos del común, repoblación de montes, acotados… Esta institución era, por tanto, el centro neurálgico de la sociedad y del paisaje que, desde allí, se planificaba y gobernaba.

Por otro lado, la ley y las ordenanzas propias de cada lugar, se hacían en estas mismas asambleas bajo los mismos árboles, que también servirían para celebrar los juicios. Pactos, tratos y acuerdos de cierta relevancia se sellaban al pie de árboles testigos. Y numerosos rituales, fiestas y otros eventos se realizaban asimismo alrededor. En muchas regiones, los tejos y otros viejos árboles fueron también mausoleo vivo, entre cuyas raíces se iban enterrando, por generaciones enteras, todos los vecinos del lugar hasta formar un “árbol ancestral”.

*Fuente: La magia de los árboles, Ignacio Abella



Algunos ejemplos


Roble de Alcampillo (Alcoroches-Molina-Guadalajara).

"La elección de diputados sesmeros se hacía reuniéndose los comisionados de los pueblos en los puntos designados por remota costumbre; y cuando para dichas elecciones o para tratar asuntos de interés general se convocaba la sesma de la sierra, los comisionados deliberaban bajo la sombra del roble del Campillo, en el término del pueblo de Alcoroches. Y es muy de notar que los habitantes de este Señorío, como los del de Vizcaya, buscaran el roble, símbolo de la fortaleza y de la gloria, para bajo su protección tener sus honradas juntas, y a la vista de Dios y a la de sus montañas hacer más solemnes sus acuerdos y más públicas sus benditas libertades. ¿Qué huracán ha barrido éstas, y que otra mal llamada libertad nos ha esclavizado?."

Fuente: Enrique Arauz Estremera en la novela "La hija del Tío Paco o lo que pueden dos mil duros" (1895)

Actualmente este árbol ya no está, pero sí hay una placa en su lugar así como en el escudo de la localidad.

En Colmenarejo. (Madrid)

Aunque no encontramos una fuente testimonial que nos hable de que fuese allí. Sí encontramos que en el centro del pueblo hubo antaño un centenario álamo. Seguramente como en el resto de Castilla lugar para estas reuniones de concejos. El Álamo es escudo de la villa también.


Colmenar de Arroyo (Madrid)

Olma (que no olmo), y centenaria ya desaparecida nos era descrita así:

"A principios del Siglo XVI, los vecinos se reunían en concejo bajo el olmo, a tañido de campana. Para esto se hicieron las gradillas en piedra que circundan el árbol el árbol. La Olma fue testigo de cinco Siglos de la Historia de Colmenar del Arroyo, de los secretos contados bajo ella, de los amores de los Colmenareños, de las decisiones de Gobierno…"


La Encina de Sotoescueva (Burgos)

"Durante muchos siglos y al menos hasta el siglo XVII, esta gigantesca encina milenaria fue testigo de los acuerdos tomados por los vecinos más notables para el mejor gobierno del valle. En 1616 fue creado el archivo de la Merindad, donde se empezó a levantar acta de todas aquellas reuniones y a registrarse los diferentes acuerdos, ya que hasta entonces nada quedaba escrito, al tenerse como suficiente testigo al gran árbol. Todo lo acordado bajo el gran arbol era respetado escrupulosamente, fieles todos a las costumbres ancestrales de origen pagano.

Una leyenda afirma que aún en el siglo XVIII los habitantes de la zona sentían una gran veneración por la encina. Enterado el arzobispo de Burgos, consideró tal culto como un resto de paganismo demoníaco; y ordenó que fuese cortada, quemada por completo y dispersadas sus cenizas por el campo."



Y tantos y tantos otros... En mi provincia también conozco varios y no han perdido un ápice de su poder de reunión.




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