11/12/16

Cuento para niños

Es importante que hagamos una ruptura con la perpetuación del imaginario popular sobre la figura de la bruja.
Desde Educambia han hecho un gran trabajo al respecto: un cuento para contarles a los niños y que pone a la mujer-bruja en un lugar amable, lejos de todas esas historias absurdas de miedo y mujeres horribles.
Aquí os lo dejo.


La bruja Sabia.


Había una vez una bruja que vivía sola. La brujita se pasaba el día entretenida, haciendo hechizos o cocinando pócimas. Tenía sólo tres amigos: su gato, su perro y su pez. Solía hablar con ellos. Se sentaba en una silla y le preguntaba a su gato negro:

– ¿Qué, gatito?, ¿cómo te ha ido el día?

El gato contestaba:

– Miau, miau, miau.

-¡Qué bien, me alegro de que te haya ido estupendamente!- le contestaba la bruja, y luego se lo preguntaba al perro:

– Guau, guau, guau.

Pero cuando se lo preguntaba al pez, éste sólo le mandaba besos:

– Muak, muak, muak.

– Pobre pez, está locamente enamorado de mí-, pensaba la bruja.

Con lo que más se divertía Sabia (que así es como se llama nuestra bruja), era volando con su escoba (fiuuu, fiuuu). Se sentía libre.

Un día, se levantó traviesa, tenía ganas de reír, así que se dedicó a hacer una gran pócima a la que le echó un conjuro:

Abra cadabra, pata de cabra
culo de camello
y oreja de jirafa.

¡La pócima sabía a sopa!, y el conjuro que le echó servía para mentir. Toda aquella persona que se la tomará quedaría embrujada y, por tanto, no podría decir la verdad, sólo mentir.

Cuando terminó, le dio un poquito al gato, al perro y al pez. Y entonces el gato empezó:

-Guau, guau, guau- , el pez continúo: -miau, miau, miau- y el perro empezó a lanzar beso -muak, muak, muak.

– Ja, ja, ja,.. – se reía la bruja, pero entonces llamó alguien a la puerta (toc, toc).

Fue a abrir y se encontró ¡a un niño!

(En este momento se pide la participación de alguien de la clase o de vuestro hijo o hija).

El niño se había perdido y tenía hambre, así que la bruja le dio un poco de su pócima con sabor a sopa. Y empezó a preguntarle cosas al niño para reírse con sus respuestas.

(En esta parte se improvisan las preguntas que vamos a hacer, y el niño o niña, por su parte, debe intentar contestar mintiendo a cada una de ellas).

La bruja se lo pasó muy bien con el niño, ¡hacía tanto tiempo que no hablaba con una persona! Lo invitó a que viniera cuando quisiera.

Nunca le contó que le había embrujado, pero siempre sospecho que él lo sabía, y es que los niños y las niñas pueden llegar a ser muy inteligentes.
Un día, el niño que era muy curioso le preguntó por qué vivía sola, y Sabia, después de mucho tiempo, contó su historia…

Cuando la bruja Sabia era joven, era bella e inteligente y se preocupaba mucho por las demás personas. En el pueblo en el que vivía había cinco chicos interesados en ella. Pero Sabía se desentendía de todos ellos, creía que los cinco eran ignorantes, arrogantes y lo más importante, no respetaban a nadie, siempre estaban metidos en pelas, gritaban mucho y constantemente querían ser los mejores. Nunca cuidaban de nadie y no respetaban los pensamientos y sentimientos de la gente.

Por todo esto, Sabía nos le hizo ningún caso y se dedicó a estudiar. Ella quería saber muchas, muchas, muchas cosas,… y lo que más le gustaba era la naturaleza. Se iba todos los días al campo y estudiaba las plantas y llegó a conocer cosas de ellas que nadie sabía, como por ejemplo, que algunas tenían poderes, e incluso algunas curaban enfermedades.

Poco a poco comenzó a hacer pócimas con las plantas para curar a las personas del pueblo que estaban enfermas.

Mucha gente en el pueblo la admiraba, pero otras pensaban que estaba un poco loca y comenzaron a llamarla bruja.

Un día, Sabia, se encontró con uno de los chicos del pueblo que quería ser su novio. El chico intentó engañarla para darle un beso, entonces Sabía se metió las manos en el bolsillo y encontró unas plantas que todavía no había estudiado. Sabía que eran mágicas, pero no sabía que hacían. Se las metió al chico por la ropa y le grito: – ¡cerdo!

En ese instante el chico se convirtió en un cerdo y empezó a chillar: -oink, oink.

La gente del pueblo comenzó a asomarse a ver qué pasaba y Sabia sintió miedo. Sacó las mismas plantas de su bolsillo y se las tiró a una escoba que había en la puerta de una casa y gritó: -¡vuela!-, y la escoba comenzó a volar, se subió a ella y se fue de su pueblo para siempre.

Sabia quiso volver, no le gustaba estar sola y echaba de menos ayudar a los demás, quería que la gente supiese que no estaba loca, que no era una bruja, que simplemente sabía cosas que los demás no y que ella estaba dispuesta a enseñar.

Pero la gente del pueblo continuo llamándola bruja, y empezó a inventarse historias malas sobre ella y le prohibieran que regresara.

Sabia comenzó a vivir en una casita de un bosque. Como echaba de menos tener compañía se trajo con ella a un perro, un gato y un pez, y empezó a aprender a entretenerse sola, pero de vez en cuando se aburría y le gustaba hacer travesuras.

1 comentario :

  1. Me encantó el cuento, creo que es una buena forma de cambiar un poquito ciertos patrones y abrir mentes, en lugar de cerrarlas :)
    ¡Cariños!

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© Agata | WS
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