12/12/16

Érase una vez las brujas

Érase una vez un mundo protegido por mujeres, curanderas, madres, cuidadoras… Era un mundo protegido por brujas. Brujas revestidas de la magia y la energía que les daba el sol y la Madre Tierra, mediadoras de conflictos, consoladoras de dolores y sanadoras de almas enfermas.

Ellas sembraban y distinguían las plantas más nutritivas y curativas, recogían los frutos del bosque y conocían dónde manaba el agua más limpia o dónde crecían las flores más hermosas.

Ellas organizaban la vida, puesto que ellas son la fuente de la vida misma.

Era un mundo donde todos los seres de la naturaleza convivían en armonía… Donde los poblados humanos eran comunidades formadas por hombres y mujeres iguales y libres.

Hasta que un día creció entre las plantas que cultivaban una mala yerba. Un brote de egoísmo y propiedad que poco a poco iba destruyendo las plantas que le rodeaban. La mala yerba se fue haciendo fuerte gracias a las vitaminas de la Tierra y la energía que brotaba de las brujas protectoras… Y su poder se fue extendiendo como una sombra sobre toda la comunidad, hasta imponer el miedo y el terror entre sus vecinos.

La mala yerba tomó forma humana y envenenó a los hombres con raíces traicioneras que se colaron en su cabeza y no les dejaba pensar con claridad. Y todos los hombres fueron pareciéndose cada vez más a la mala yerba… Ya no se distinguía entre el hombre, compañero y hermano de la mujer protectora, y el hombre convertido en mala yerba.

De este híbrido de forma humana y mala yerba nació el patriarcado. Y el patriarcado decidió que las mujeres no eran dignas protectoras de la naturaleza y la comunidad humana. Decidió, apoderarse del conocimiento y la energía de las brujas y curanderas que velaban por su seguridad.

Todos los hombres que formaban el patriarcado se reunieron en medio de la plaza e hicieron una gran hoguera. A la reunión invitaron a las mujeres, quienes no dudaron en asistir porque querían restaurar la paz y el equilibrio con aquellos que habían sido sus compañeros.

 

Pero fueron engañadas. El patriarcado tenía para ellas un plan más cruel. Cuando todas las mujeres llegaron a la plaza, fueron empujadas una a una a la hoguera sin piedad. Ellas miraban asombradas a esos monstruos que un día fueron sus hermanos. Se habían convertido en tiranos y dictadores. La mala yerba había podrido su alma.

Y así fue como el patriarcado de tiranos y dictadores controlaron la energía femenina que da equilibrio al mundo, las brujas que curan y cuidan con su conocimiento. El patriarcado se apropió del conocimiento femenino de plantas y pócimas sanadoras del cuerpo y el alma. Y del expolio de este conocimiento nació una medicina moderna controlada por un sistema patriarcal, apoderado de aspirinas y mercromina e inventor de falsos cuentos de brujas malignas y terroríficas.

Hoy, yo trabajo como doctora, e intento que las pócimas, plantas y energía que crearon y descubrieron mis compañeras brujas sigan vivas en mi trabajo. Intento que las medicinas y las curas lleven el nombre y la sonrisa femenina, restaurando así el equilibrio natural que nació hace muchos muchos muchos años de la Madre Tierra y que hoy continúa vivo en todas nosotras.


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