29/12/16

Mi historia

Muchas veces pienso que todo lo que ha ocurrido en mi vida es el guión de una historia muy bien contada pero de la que yo he querido escapar en numerosas ocasiones.
No recuerdo el momento exacto en el que empecé a plantearme todo lo que me contaban sobre creencias, religiones, dioses...
Mi madre no me bautizó al nacer, porque esa era una decisión que debía tomar yo cuando fuera consciente de lo que hacía. Cosa que le agradezco pero que no duró mucho.
Yo iba a un colegio público pero en el que se nos enseñaba a rezar desde párvulos y en el que todo el mundo hacía la comunión, así que la catequesis era un evento muy esperado por padres e hijos.
Cuando cumplí cuatro años, una de mis primas hizo la comunión y yo me empeñé en que quería un vestido igual de bonito y todo esos regalos.
Por mucho que me hubieran enseñado a rezar, yo no entendía lo que era el catolicismo con cuatro años, pero mi madre, por no soportar los berrinches de una niña, cedió y me bautizó.
Ese día lloré muchísimo (hay fotos que lo demuestran). No quería que el cura se acercara a mí y mucho menos que me mojara la cabeza. Pero claro, cuando un niño entra en una iglesia para algo así, está sentenciado. Yo quería ponerme un vestido tan bonito como el de mi prima, pero no quería tener que pasar por todo aquello. Para resumir, diré que la Comunión no fue mucho mejor.

En fin, seguí creciendo y yo seguía sin entender esas oraciones ni a quién se las decíamos. ¿Cómo hablar con alguien a quien no se podía ver ni escuchar? Sin embargo, cuando yo hablaba con personas a las que yo veía, todos me decían que mentía porque ellos no eran capaces de verlas. Todo muy lógico, sí. A mí se me castigaba por hablar con alguien a quien sí veía pero se me obligaba a hablar todos los días con alguien a quien nadie veía.
En casa me decían que no podía inventarme esas cosas y mucho menos contarlas por ahí. Así que ahí empezó mi secreto. A nadie le contaba lo que veía, lo que soñaba, lo que sentía... ¿para qué? Unos me llamaban mentirosa, otros loca, otros me tenían miedo.
Así que me convertí en una niña muy reservada que sólo encontró refugio en los libros. Podía pasarme horas y horas devorando libros de todo tipo. Con 10 años agarré El Quijote por primera vez, así que podéis haceros una idea.
En casa me decían que no leyera tanto, que jugara más con los niños y niñas de mi clase, así que la solución fue coger mis libros, meterlos en una mochila e irme a la ribera del río que había cerca de casa. Allí leía en paz, sin que nadie me molestara, mientras en casa creían que estaba jugando en el absurdo parque de arena lleno de niños que se reían de mí.

Y en ese río comenzó todo. Allí es donde escuché a la Madre por primera vez, Escuché su latido, los susurros de los árboles, las palabras del agua. Sentí la presencia y la compañía de sus seres. Obviamente, yo no tenía ni idea de lo que ocurría, sólo era una niña. Pero empecé a sentirme menos sola.

Llegué a la adolescencia y ahí comenzó mi verdadero infierno. Vivía constantemente atemorizada por todo lo que era capaz de ver y sentir. Llegué a encerrarme de nuevo en casa durante una larga temporada porque era incapaz de ir a cualquier parte sin sentir lo que la gente sentía, sin ver lo que había ocurrido en un lugar determinado o lo que ocurriría en otro.
No dormía, casi cada noche me despertaba con visiones horribles. No sabía si era mejor estar despierta o dormida, así que llegué a pensar que la mejor opción era estar muerta. Creí que me estaba volviendo loca, que estaba desarrollando algún tipo de esquizofrenia o paranoia, leí mucho sobre psiquiatría y en lo más profundo de mí sabía que no estaba loca.

A los 15 años apareció un chico en mi vida, mi primer novio. Le conté todo, me creía pero con muchas reservas, hasta que ocurrió algo que le obligó a creerme sí o sí.
Un día soñé con un accidente que él iba a tener. Se lo conté con pelos y señales, pero ahí quedó la cosa. Pasaron los meses, medio olvidamos ese sueño y un día me llamó desde el hospital: le había ocurrido tal y como se lo conté. Mismo lugar, misma hora, mismo coche, misma ropa... todo. Empezó a creerme, pero también a temerme. Éramos muy jóvenes, no era nada sencillo gestionar aquello. Intenté durante años ocultarme también ante él, pero estaba claro que así nada podría funcionar. Necesitaba tener a alguien que me creyera, que me escuchara, que me apoyara... y esa persona nunca aparecía.

Seguí mi vida apartada del mundo, leyendo mucho, estudiando mucho y empezando a fijarme detenidamente en mi capacidad para escuchar a las plantas y utilizarlas según sus propiedades. Cada vez pasaba más tiempo en la Naturaleza tanto de día como de noche, pero siempre a escondidas. Siempre sentí que tenía que esconderme, que lo que hacía era algo malo porque de lo contrario, la gente no me tendría miedo ni se reiría de mí.
Yo no lo entendía. Caminaba por el bosque, me bañaba en el río, escuchaba a la Madre, conectaba con los animales, hablaba con los seres que se me acercaban... ¿Cómo podía ser eso malo? ¡Si era lo que a mí me hacía feliz! En el bosque no había dolor, no había sueños ni visiones horribles, no había sentimientos de personas ajenas. Llegué a pasar noches enteras allí porque necesitaba descansar, acurrucada en las raíces de un árbol, y el latido de la Madre era lo único que me reconfortaba.

Pero la vida seguía su curso y empecé a trabajar. Y ocurrió lo que os conté en esta entrada. Y comencé a investigar mucho más, hasta que dí con la Brujería Tradicional.
Esa paz interior, plena, que sientes al descubrir que lo que habías creído durante toda tu vida tiene nombre. Que no eres la única, que es una realidad, que no eres la rara, o sí, pero menos. Que hay un universo entero por descubrir fuera de esas barreras que te habían retenido siempre. Y que esas barreras se llaman Cerco, y que lo que has hecho a veces, sin casi darte cuenta, es atravesarlo.
Ese escalofrío que recorre tu columna cuando te das cuenta de que eres una Bruja, de que te has dedicado al Oficio sin saber ponerle nombre y que ahora eres consciente de lo que eres.

Desarrollé tanto ciertas capacidades que encontré a unas personas a las que jamás olvidaré, pasen las vidas que pasen, y que me han hecho comprender tantas y tantas cosas... Pero de esto hablaré en otro momento.

Hoy en día he aprendido a controlar al 90% mis capacidades, me he centrado en mi Oficio, y enseño a otros lo poco o mucho que sé.
También he aprendido a contar lo estrictamente necesario, porque he comprendido que la mayoría de la gente no está preparada para entender aquello que no perciben, que el miedo es el gran protagonista cuando me muestro como soy y por fin he entendido por qué.
No oculto que soy Bruja aunque no es algo de lo que hable. Estoy casada con un hombre maravilloso que me respeta y me apoya sin hacer preguntas y esa es la mayor magia que he podido encontrar en toda mi vida.

He editado esta entrada innumerables veces, la he borrado y vuelto a escribir otras tantas, y he dudado siempre en si publicarla o no.
Es un resumen muy vago de mi historia, pero que creo que refleja perfectamente lo duro que es ser diferente y no tener quien te guíe y te explique que no pasa nada, que hay mucha gente como tú, pero que todos se ocultan por las mismas razones que tú.
Ahora no nos queman en las hogueras, tampoco nos encierran en psiquiátricos, pero nos empujan a la más terrible de las soledades: la que no elegimos.



3 comentarios :

  1. Excelente!!!! Perfectas palabras para describir lo que sentimos muchas,senti que leia mi propia historia y coincido contigo la soledad es terrible...pero bien bale la pena por ser autenticas

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  2. Anónimo8/1/17 23:56

    Una preciosa manera de ser diferente la tuya :-) una suerte tener tus dones, y una pena que haya habido gente que no haya sabido valorarlo o entenderlo, o le haya dado miedo esa parte de ti, que a mi forma de verlo es tan antigua y natural como la misma tierra. Desconocemos muchas cosas, pero no por ello hemos de temerlas, y lo que muchas veces llamamos " fenómenos paranormales" estoy segura de que son manifestaciones muy normales de planos que no conocemos. En fin, que me enrollo! Es una maravilla leerte, sobretodo para alguien que siempre se sintió diferente también :-) un abrazo.
    Xiana.

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  3. Beatrix Wolfe21/1/17 11:38

    Gracias por compartir tu historia, me he sentido identificada y creo que puede ayudar a muchas personas perdidas a darse cuenta de que no están solas...

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© Agata | WS
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