5/12/16

Se acercó

No la conocía de nada, y ella a mí tampoco. Sin embargo, entró decidida en el bar y se dirigió hacia mí. Me miró fija pero dulcemente y me dijo: "Los iguales nos reconocemos, eres como yo, eres especial".
No sabía de qué me hablaba.
Miento.
Creo que quise hacer como que no sabía de qué me hablaba, porque en el fondo sabía perfectamente a qué se refería.
De cualquier modo, mi respuesta fue un ¿Perdone?, mezcla de incredulidad y nerviosismo. Al fin y al cabo, trabajando tras la barra se ven demasiadas cosas.

Pero no me dijo más. Se sentó en una de las mesas, se puso a cenar y esperó a la hora del cierre. Cuando nos quedamos solas, cerré el bar y me senté en su mesa. Quizá en otra ocasión hubiera pensado que era una loca más, o una borracha, pero esta vez era diferente. Había como una atracción hacia ella inexplicable, fruto quizá de la curiosidad y de algo más que no lograba entender.

Señaló mi brazo, cubierto por la manga de mi camisa, y me dijo: "Ahí tienes la respuesta". Y me enseñó la marca que ella tenía en el tobillo. Era la misma que la de mi brazo, esa que era imposible que ella supiera que tenía. Mi uniforme la tapaba, ¿cómo era posible? Sin embargo, lo sabía.
Yo seguía sin mediar palabra, estaba totalmente confundida, no entendía nada.
¿Quién era esa mujer?

Me dijo que se llamaba Lucía, que no solía encontrarse con gente como yo pero que cuando lo hacía no lo podía evitar, necesitaba hablar y explicar.

El contenido de aquella conversación me lo guardaré para mí. Sólo os diré que me tuvo días sin poder dormir. Me dijo cosas que nadie más que yo sabía, me mostró el camino que llevaba años buscando sin encontrar y me dio la llave para comprender muchas de las cosas que me habían ocurrido en la vida.

Gracias a aquella mujer a la que no volví a ver jamás, soy lo que soy. Gracias a aquella a la que otros hubieran llamado loca, no me volví loca yo.
Durante años la busqué, y la encontré, pero a pesar de mis tremendas ganas de volver a hablar con ella, nunca lo hice. Sé que ella tiene muchas de las respuestas a mis preguntas, pero también comprendí que esas respuestas he de conseguirlas por mí misma.
Ella cumplió su cometido acercándose a mí aquel día. Ahora me toca hacer a mí el mío.

Han pasado más de 10 años de esto y aún hoy, al recordarlo, no puedo evitar sentir lo mismo que aquellos días. Una mezcla de emoción, temor, inseguridad y felicidad. Se me ponen los pelos de punta y soy consciente de que hago lo que tengo que hacer. Porque soy lo que tengo que ser.



2 comentarios :

  1. Muy bello... gracias por compartir..

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  2. ¡Qué historia! Yo no me hubiera aguantado el impulso de volver a hablarle :P
    Un beso grande :)

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© Agata | WS
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