20/12/16

Tasha Tudor

Tasha Tudor 
1915 - 2008 

Murió con 92 años y en su lecho de muerte anunció a dónde se dirigía a continuación: regresaba a 1830.
Eso ya nos dice mucho sobre esta magnífica mujer.
Contaba siempre que era la reencarnación de la mujer de un capitán de barco que había vivido entre 1800 y 1842 y atribuía su longevidad a “la jardinería y la leche de chiva”. 

Conocida y celebrada por sus elaboradas ilustraciones para libros infantiles (varios de los cuales también escribió), su arte fue definido por el New York Times como poseedor de “la misma belleza frágil de una tarde de primavera.” En su haber tiene más de 100 libros, entre ellos una magnífica edición de The Secret Garden, de Frances Hodgson Burnett.

Vivía rodeada de animales, de los que era una gran defensora, y trabajaba descalza en su jardín porque así decía sentir la vibración de la Tierra.

Tanto sus cuatro hijos como ella vestían prendas que diseñaba y hacía ella misma, siendo las suyas hermosos vestidos decimonónicos. Vivían en una granja que construyó en gran parte y que no tenía electricidad. Tejía, hilaba, recogía los huevos que ponían las gallinas, ordeñaba las cabras, cultivaba hierbas para remedios caseros, cocía pan e incluso fabricó una casa de muñecas que llegó a salir en la revista Life.
A pesar de que su vida tuvo duros momentos, Tasha Tudor decidió crear su propio mundo, apartada del ruido de la historia. Convencida de que había vivido en la década de 1830, siempre se vistió con ropa de esa época y coleccionaba trajes, muebles, artesanía, muñecas... Llegó a diseñar vestuarios para Pierre Deux.
Muchas de sus ilustraciones para más de 100 libros y de las más de 400 postales, calendarios y posters que diseñó siguen las ropas y costumbres de esos años.

Aunque en su casa había electricidad, ella prefería cocinar en su antigua estufa de hierro y usaba los utensilios que heredó de una tía abuela. Al igual que se inspiró en sus ancestros (algunos relacionados con grandes personalidades del siglo XVIII y XIX), ella se ocupó de inculcar a sus hijos y nietos el respeto por un pasado que ella consideraba mejor. Sus hijas Bethany Tudor y Efner Holmes son también autoras e ilustradoras.
Hay dos anécdotas que son dignas de contar y que aumentan el aura que esta mujer tenía:

Un día, Tasha Tudor aseguró a un reportero que nunca tenía problemas para encontrar tréboles de cuatro hojas. Procedió a demostrárselo agachándose para rebuscar entre el césped y, en menos de cinco minutos, le entregó la planta de la suerte al boquiabierto reportero.

Una anécdota que narra Davis en The Art of Tasha Tudor.: Asombrado el autor ante los enormes cartapacios de esbozos de la autora, que desde sus 8 años hacía bocetos de la realidad circundante (sus hijos fueron sus modelos por muchos años), no podía creer que, como ella afirmara, todos fueran tomados directamente “de la vida real”. Descubre uno de un dinosaurio y se lo muestra triunfalmente, preguntándole: “¿Y este?” Ella, sin inmutarse y muy en serio, le responde: “Muchas vidas”


EL JARDÍN DE TASHA TUDOR








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