23/10/17

Gaia

“Gaia es el nombre que algunos científicos retomaron del Neolítico para designar a la superficie de la Tierra (el aire, la corteza y los océanos) como ente orgánico, como unidad viva; Gaia incluye todos los procesos vitales interrelacionados que se realizan en la Tierra, y que forman parte de un mismo impulso autopoyético, auto-organizativo y autorregulador. No es que haya seres vivos que ‘pueblan’ la Tierra; es que todos los seres vivos somos una parte de la Tierra viva; somos un momento de los ciclos de Gaia, un remanso de flujo gaiático. Un flujo que no es nada etéreo o sobrenatural, sino un flujo material totalmente identificado.

Esta es la idea central de la llamada ‘hipótesis Gaia’ propuesta por Lovelock y Margulis.

Gaia no es una representación simbólica, ni una diosa, ni la Madre Tierra con mayúscula. Gaia es el nombre de la vida de la superficie de la tierra: porque el conjunto de procesos materiales y vivos que se realizan constituyen una sinergia, un ente vivo autopoyético, es decir, con capacidad y dinámica propia de auto regeneración.

Gaia es materia pura aunque no demasiado dura; eso sí, es materia viva. Pero en absoluto un ente ideal o metafísico.

Gaia está ahí, pero somos incapaces de verla, y por eso cuando se habla de Gaia se piensa en un ente espiritual. La evidencia se oculta, y cuando se intuye algo, se dice que es magia o que son percepciones sobrenaturales.

No la vemos porque la han ocultado, dejándola, una vez más, fuera de la Realidad por el mecanismo de excluirla semánticamente. Y no la vemos porque tampoco tenemos la noción de la sinergia, y no hay una palabra de uso común para representarla: ‘sinergia’ es cuando el todo es algo más que la suma de sus partes. Como nuestro cuerpo es más que la suma de órganos y tejidos, y un órgano es más que la suma de sus células, etc. etc. Esto es evidente. Así que, pese a todo, dos más dos no son cuatro. No se pueden sumar seres vivos. Las matemáticas pertenecen a la Realidad en la que los seres vivos desvitalizados, solidificados y convertidos en identidades y personalidades, se censan y llevan un número de identificación.

Gaia es la sinergia de todos los seres vivos que habitamos la superficie de la tierra, porque entre todas hacemos algo que es más y es distinto que la suma de los entes orgánicos que formamos la superficie terrestre, y cada ente orgánico vivo somos parte de esa sinergia, y si no fuéramos parte de esa sinergia no existiríamos. ¡Para que digan que ‘pertenecemos’ a nuestros padres!

Todos los seres vivos estamos asociados formando a Gaia, del mismo modo que todas nuestras células forman nuestro cuerpo humano.

Que algo sumamente complejo funcione sin autoridad y encima para beneficio de todas las partes que lo componen, de manera espontánea, es algo que ni siquiera aparece en las novelas de ciencia-ficción: y sin embargo, así es la vida, y lleva así 3.900 millones de años.

Nada anda suelto, todo está vinculado. Las relaciones entre los seres vivos no son arbitrarias, tienen un sentido vital; se mueven al ritmo de una sinfonía impredecible y armoniosa. Pero no responden a ningún Poder, no ‘trabajan’ para nadie, sólo dejan fluir el impulso vital autopoyético, el deseo, en la criatura humana; es una sinfonía que no ha escrito nadie, pero que todos los seres conocen y sienten: una sinfonía ejecutada por una orquesta sin director.”


 Casilda Rodrigáñez.

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